El bandoneón fue su compañero de infancia en Monte Grande y el instrumento que lo proyectó al mundo. Se llama Marco Antonio Fernández, y habló de su contundente carrera.
Marco Antonio nos regaló su música y además repasó su corta pero intensa carrera, desde la gira completa con Julio Bocca hasta otro largo recorrido por Japón, mientras prepara viajes internacionales y sueña con componer y tocar música del litoral porque se define como “un chamamecero vestido de negro”.
-¿Cuando tocás el bandoneón aparece una actitud netamente litoraleña?
-Es que yo nací en Lanús pero mis padres son del litoral, mi mamá es de Posadas, Misiones, mi viejo de Goya, Corrientes.
-¿Y cómo fue el aprendizaje del bandoneón?
-Desde los nueve años toco el bandoneón, empecé con el chamamé, no con el tango, mi tío lo toca también. Después empecé con el profesor del barrio que era chaqueño, después a los doce años conocí al profesor Alejandro Prevignano, que tocó con la Orquesta de Osvaldo Pugliese, él me enseñó lo básico, a leer música y cómo llevarla al instrumento, me daba consejos, me consiguió un laburo con él, la verdad es que estoy acá gracias a él, le guardo un profundo respeto, con él estudié hasta los 15 y ahora estudio solo. Además estoy tomando clases de composición para intentar enriquecer el género, tanto con el chamamé como con el tango.
-¿Dónde y cuándo empezaste a trabajar?
-En la Ventana, una casa de tangos, tenía 16 años, además tocaba en la Orquesta de Carlos Lázzari, el bandoneonista de D’Arienzo. Después tenía ensayos con la Orquesta Escuela de Emilio Balcarce los lunes y miércoles. Mientras tanto, los martes y jueves tenía gimnasia en la escuela y debía mezclar todo para que me quede perfecto, como laburaba a la noche, se complicó pero lo llevé adelante. Terminé la secundaria y de ahí me instalé como bandoneón fijo de Madero Tango, un boliche de Tango muy importante en Puerto Madero, es mi laburo fijo, trabajo de lunes a lunes, aunque puedo enviar reemplazos cuando tengo giras.
-¿A qué partes del mundo te llevaron esas giras?
-En principio fue con un sexteto, una semana a Roma con la orquesta escuela de Emilio Balcarce, éramos todos pibes, de la misma edad, te levantabas a las 7 de la mañana y te acostabas a las 7 de la mañana, después seguí con el sexteto Vale Tango, hicimos un mes de gira por Holanda, Bélgica, Alemania, Francia, Italia y Suiza.
-¿Cómo fue la experiencia con Julio Bocca?
-Hice la gira de despedida de Julio, recomendado por el pianista, Hernán Posetti. El primer show fue en Rafaela, en julio del año pasado, tocamos en una cancha y después quedé como bandoneonista fijo, éramos un sexteto, con piano, bajo, bandoneón, violín, guitarra y saxo, hicimos dos giras por el interior, luego una larga por Italia, en Milán y Roma, después en Rusia, en Grecia, en España y en Estados Unidos y por último, la despedida en el Obelisco, fue una experiencia bastante copada, nunca en tu vida ves tanta gente adelante tuyo.
-¿Y después de eso qué hiciste?
-Una gira de tres meses a Japón desde enero hasta abril con Fernando Marzan, un sexteto con guitarra, piano, violín, dos bandoneones y contrabajo. Fui a Hiroshima, Nagasaki, Sapporo, nunca había comido cangrejo y te sirven esos grandes y rosados. Es como un retiro espiritual. Después de un mes, no hay estímulos, todo es exactamente igual. La gente con barbijo, parecían hospitales, nadie tosía, todos callados.
-¿Cuáles son tus referentes en el instrumento?
-Isaco Abitbol, Tránsito Cocomarola, escuché bastante de ellos, he pasado horas, escuchando y sacando temas de ellos, nota por nota, hay cosas que son muy complicadas de escribir en el chamamé, porque no es una música cuadrada, es totalmente descompaginada entonces la escuchás y tu cabeza la va organizando, en el tango en cambio está muy organizado, la cultura del chamamé es como un barrio rodante, es un Corrientes que se traslada, en el campo no saben leer música pero saben tocar el acordeón, es la sangre.
-¿Definitivamente todavía el chamamé es de transmisión oral?
-Sí, yo le enseño a mi hermanito de 14 años, que también toca el bandoneón y le digo que el chamamé no es una música escrita, es pasada a través de la lengua, como el guaraní, y además le digo: `Aprendé, disfrútalo y cuando estés con otra persona de menor edad se lo podés transmitir´, es una música que no tiene muchas partituras, es más bien de oído.
-¿Cómo organizás lo que queda de 2008?
-Sigo trabajando en Madero Tango con un nuevo show y tengo una posible gira a Europa de nuevo, con una compañía belga, el director musical está acá. Serán dos meses en Bruselas, Eslovenia, la parte norte de Italia y Bélgica.
-¿Cuáles son tus expectativas a futuro?
-Siento necesidad de componer, de hacer cosas nuevas con lo que uno tiene, a veces se diluyen porque el músico tiene expectativas, le gustan ciertas cosas que por ahí a la gente no le gusta, amasás una torta frita que te gusta solamente a vos. Me gustaría hacer algo, estoy en el proceso de incorporar ideas, de escuchar y quiero que me oigan, es un simple anhelo, no sé si en el tango, tal vez en el chamamé, vengo de ahí, soy un chamamecero vestido de negro











